lunes, 30 de mayo de 2016

XXXV-Balut

Tu pecho es un nido cobrizo que se abre cuando lo necesito, por eso sé que es un sueño. Soy un equilibrio que rueda hasta enredarse en tu pubis, estoy muerta dentro del huevo. No importa, hay un bosque que recorres con el gesto de un cachorro, ladeando la cabeza. No importa, sabes que soy una delicia en Asia. Nada importa con esas hojas verdes y los árboles y el viento. Y sin embargo, a mí me importa, tanto como la porosidad de la cáscara o mis pliegues cadavéricos.

La extensión de asfalto que atravesamos limita con un barrio que conozco de otro sueño. Mi hija ha conseguido tomar en brazos una paloma, se comunican con la cabeza y la besa antes de soltarla. Mi hijo acaricia la cola de un pato enorme que se revuelve e intenta picarle, piensa que es un juego y persiste. No me sale la voz para advertirle, ni me llegan las manos. Putos pájaros…


Un tacto me acaricia las alas atrofiadas y me besa el pico. Si parpadeo caen lágrimas que se transforman contra el suelo en topos de hocico retráctil, me rozan las piernas antes de excavar la tierra humedecida. Reconozco esos ojos que me miran como propios y no hay miedo, sólo el recuerdo antiguo de volar.


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