martes, 10 de mayo de 2016

XXXIV-Auroras boreales

Me veo desde atrás corriendo. Descalza. Vistiendo tan sólo un abrigo azul isabelino. Abierto. Se agita como un océano coronado por un volcán también zarandeado. Han debido cambiarme las extremidades inferiores defectuosas, lo pienso mientras entro en mí, con suavidad, hasta encajarme en la respiración agitada y los músculos tensos. Corro sin motivo, por impulso, igual que cuando me invade la tristeza. Me dejo y hace frío. Los confines de la tierra aparecen frente a mí cuando ya es de noche, freno en su borde y me arrebujo en el abrigo. Una vez conocí a una chica noruega, Jorunn, con mi misma blancura y otros ojos, se deslizaba a hurtadillas por la nieve que llegaba hasta la ventana y tenía las caderas de una niña, las mías son anchas y albergan silencios. Jorunn, podría llamarme así ahora que no hay más suelo que pisar y un sabor metálico me llena la boca. Debí morderme en la carrera, sangre manando de la carne y nadie atiende: hay una aurora boreal en la parte del mundo que no existe. La contemplo y no hace frío.


Para habitar la casa donde viví debo sacar mis cosas guardadas desde entonces en el trastero. Las estanterías metálicas se extienden en hileras, huele a humedad y no hay ventanas, una bombilla forrada de pelusas habla de penumbra. Encuentro mis macetas, alineadas y envueltas en celofán; han dibujado un cerco roñoso en la balda, sin compás. Parece increíble que después de tantos años y en esas condiciones de clima y abandono sigan vivas. Las descubro y brillan con la fluorescencia de peces abisales. A la luz del portal se asustan los bichos que han crecido en la tierra amoldada, aterra el miedo que se asoma a sus gestos de huida, son fruto de adaptarse a los sótanos que nadie abre y su espanto es el mío. No me acompañarán en mi mudanza a entre ventanas, respeto su libertad bajo llave, bajo suelo. En el rellano, con las manos vacías, me encuentro con una pareja que se besa. Ella viste de amazona victoriana, el rictus serio. Él se está quedando calvo y sonríe en la coronilla. Buenos días. Buenos días. Buenos días. 


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